Santiago Paniagua/ Redacción Q/I
Cada vida
perdida por la violencia armada representa mucho más que una cifra dentro de
las estadísticas oficiales. Detrás de cada muerte queda una familia destrozada,
una madre que llora, hijos que pierden a sus padres y una comunidad que vuelve
a preguntarse qué más tiene que ocurrir para que la seguridad ciudadana ocupe
permanentemente el lugar que merece en la agenda pública.
Es justo
reconocer que Newark ha experimentado avances importantes en materia de
reducción de la criminalidad durante los últimos años y que la administración
municipal, el Departamento de Policía, organizaciones comunitarias, iglesias y
líderes de diferentes sectores han desarrollado iniciativas dirigidas a
combatir la violencia.
Esos
esfuerzos deben ser reconocidos.
Pero
reconocer los avances no significa ignorar una realidad dolorosa: mientras
continúen muriendo jóvenes y personas inocentes como consecuencia de los
disparos, todavía queda mucho trabajo por hacer.
La comunidad
no puede sentirse huérfana de autoridades precisamente cuando más necesita de
ellas.
Cada vez que
ocurre una tragedia escuchamos declaraciones de condolencias, llamados a la
unidad y discursos que, en ocasiones, están acompañados de referencias a Dios y
a las Sagradas Escrituras. La fe puede ofrecer consuelo y esperanza a las
familias, pero quienes ocupan cargos públicos también tienen una
responsabilidad que trasciende las palabras: gobernar, legislar, prevenir y
actuar.
La Biblia
enseña en Santiago 2:17 que “la fe,
si no tiene obras, es muerta en sí misma”. Esa enseñanza también invita
a reflexionar sobre la responsabilidad de acompañar las palabras con acciones
concretas.
No basta con
presentarse después de una tragedia. No basta con contabilizar muertos, ofrecer
condolencias y esperar hasta el próximo incidente.
Newark
necesita fortalecer permanentemente las políticas de prevención, ampliar las
oportunidades para nuestros jóvenes, apoyar los programas comunitarios que
trabajan directamente en los vecindarios, combatir la circulación ilegal de
armas y mantener una coordinación efectiva entre las autoridades municipales,
estatales, federales y las propias comunidades.
La seguridad
pública no puede convertirse únicamente en tema de conversación después de una
balacera.
El alcalde Ras
J. Baraka, los integrantes del Concejo Municipal y los demás funcionarios
responsables de dirigir la ciudad tienen ante sí una obligación fundamental:
continuar fortaleciendo las estrategias que han producido resultados y, al
mismo tiempo, reconocer que cada nuevo asesinato demuestra que todavía existen
comunidades y familias que necesitan respuestas.
También
corresponde al Concejo Municipal utilizar plenamente sus facultades: escuchar a
los residentes, promover iniciativas dentro de sus competencias, fiscalizar las
políticas municipales y exigir que los recursos destinados a prevención y
seguridad produzcan resultados en los sectores más afectados y vulnerables.
No se trata
de responsabilizar individualmente a un funcionario por cada crimen cometido.
La violencia armada tiene causas complejas que incluyen factores sociales,
económicos, familiares y criminales. Pero precisamente por esa complejidad se
necesita un liderazgo constante y coordinado.
Nuestros
niños merecen caminar por sus calles sin miedo. Nuestros jóvenes merecen
oportunidades que los alejen de la violencia. Nuestros adultos mayores merecen
sentarse frente a sus hogares sin temor a quedar atrapados entre disparos. Y
las personas que nada tienen que ver con conflictos ajenos merecen regresar
vivas a sus casas.
Los
funcionarios electos recibieron la confianza de la ciudadanía para administrar
la ciudad también en los momentos difíciles.
Por eso,
nuestro llamado no debe interpretarse simplemente como una condena política. Es
una exigencia ciudadana para que el alcalde, los concejales, las autoridades
policiales y todos los sectores responsables trabajen juntos, con mayor
intensidad y resultados medibles, para proteger la vida.
Y existe
además una realidad democrática que ningún funcionario electo debe olvidar:
periódicamente llega el momento en que los ciudadanos evalúan el trabajo
realizado por quienes los representan.
No debería
ser necesario esperar hasta unas próximas elecciones para reclamar respuestas.
La
seguridad de Newark debe atenderse hoy.
Porque
detrás de las estadísticas hay seres humanos.
Porque una
sola vida inocente perdida es demasiado.
Y porque gobernar no consiste únicamente en hablar después de una tragedia, sino en trabajar todos los días para tratar de evitar la próxima.

.jpg)
0 Comentarios