Redacción Q/I
Washington, D.C.— Una nueva fractura dentro del liderazgo republicano ha salido a la luz tras las declaraciones del senador por Luisiana, John Kennedy, quien responsabilizó directamente al expresidente Donald Trump por bloquear un acuerdo bipartidista que habría puesto fin al prolongado cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Según Kennedy, junto al senador Ted Cruz, diseñaron una propuesta estratégica de dos pasos que permitiría reabrir el gobierno y, al mismo tiempo, preservar la agenda republicana en materia migratoria. El plan contemplaba aceptar la oferta demócrata de reanudar las operaciones del DHS —excluyendo al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— mientras impulsaban de forma paralela un proyecto de reconciliación que no requeriría votos demócratas para abordar el tema migratorio.
“Hubiera funcionado. Podríamos haber tenido a los agentes de la TSA pagados antes de que terminara la semana”, afirmó Kennedy, al explicar que la propuesta ofrecía una salida inmediata al estancamiento político sin sacrificar objetivos partidistas.

Sin embargo, el senador reveló que la iniciativa fue rechazada directamente por Trump, quien, según sus palabras, se negó a aceptar “cualquier acuerdo” que implicara concesiones con los demócratas. Esta decisión, de acuerdo con Kennedy, impidió una solución que ya contaba con respaldo dentro del propio Partido Republicano.
El impacto del cierre ha sido significativo en todo el país. Los agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) permanecen sin recibir salario, lo que ha provocado la renuncia de cientos de trabajadores. Fuentes cercanas al sector indican que más de 400 agentes han abandonado sus puestos, generando un efecto dominó en los aeropuertos más transitados de Estados Unidos.Como consecuencia, los tiempos de espera en los controles de seguridad se han extendido considerablemente, con largas filas que afectan a millones de viajeros. La frustración entre los pasajeros ha ido en aumento, mientras las autoridades advierten sobre posibles riesgos operativos derivados de la escasez de personal en funciones críticas de seguridad.
En paralelo, legisladores demócratas han presentado en múltiples ocasiones propuestas para financiar exclusivamente las operaciones de la TSA y mitigar el impacto inmediato del cierre. Sin embargo, estas iniciativas han sido bloqueadas reiteradamente en el Congreso por legisladores republicanos, profundizando el estancamiento.
El conflicto gira en torno a la insistencia de Trump en vincular cualquier solución presupuestaria a la aprobación de su agenda migratoria, incluyendo medidas como el denominado “SAVE America Act”, lo que ha dificultado alcanzar consensos mínimos en el Capitolio.
Analistas políticos señalan que la situación refleja una estrategia de confrontación que prioriza el posicionamiento electoral de cara a las próximas elecciones de medio término. En este contexto, el cierre del DHS se convierte en un campo de batalla político donde ambas partes buscan capitalizar el descontento ciudadano.
Mientras tanto, el impacto real continúa sintiéndose en aeropuertos, agencias federales y en la vida cotidiana de miles de trabajadores que permanecen sin ingresos, en medio de una crisis que evidencia profundas divisiones dentro del sistema político estadounidense.
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