
Santiago Paniagua/Redaccion QI
Celebrar el aniversario de la Independencia Dominicana no es un simple acto protocolar ni una fecha más en el calendario. Es un ejercicio de memoria histórica, de identidad colectiva y de reafirmación cultural. Es recordar que nuestra nación nació del sacrificio, del pensamiento visionario y del compromiso de hombres y mujeres que soñaron con una patria libre, soberana y digna.
La Independencia del 27 de febrero de 1844, liderada por Juan Pablo Duarte y los trinitarios, nos recuerda que la libertad no fue un regalo, sino una conquista. Ese hecho fundacional define quiénes somos como pueblo y marca el punto de partida de nuestros valores: soberanía, justicia, identidad y amor por la patria.
Pero conmemorar no es solo mirar al pasado. Celebrar la Independencia es también proyectar nuestra Dominicanidad hacia el presente y el futuro. En un mundo globalizado, donde las identidades tienden a diluirse, reafirmar lo dominicano se vuelve un acto de resistencia cultural. Nuestra lengua, nuestra música, nuestra gastronomía, nuestras tradiciones y nuestra historia son herramientas vivas que nos conectan con nuestras raíces y nos dan sentido de pertenencia.
Para la diáspora dominicana, esta celebración cobra un significado aún más profundo. Proyectar nuestra Dominicanidad fuera del territorio nacional es una forma de decir: aquí estamos, aportando, trabajando y dejando huellas sin olvidar de dónde venimos. Es educar a las nuevas generaciones nacidas en el exterior para que conozcan su historia, respeten sus símbolos patrios y se sientan orgullosas de sus orígenes.
Además, la Independencia es una oportunidad para reflexionar críticamente sobre el país que tenemos y el país que aspiramos construir. Honrar a los padres de la patria implica asumir responsabilidades: defender la democracia, promover la justicia social, fortalecer nuestras instituciones y trabajar por una nación más equitativa y solidaria.
Celebrar la Independencia Dominicana es, en esencia, un acto de afirmación nacional. Es renovar el compromiso con la patria, con su historia y con su gente. Es levantar la bandera no solo con orgullo, sino con conciencia. Y es proyectar nuestra Dominicanidad como un valor que trasciende fronteras, generaciones y circunstancias.
Porque mientras recordemos quiénes somos y de dónde venimos, siempre sabremos hacia dónde vamos.
0 Comentarios