San Juan, PR.- En los últimos días, una intensificación inusual de la actividad
militar de Estados Unidos alrededor de Venezuela ha elevado la presión
geopolítica en el Caribe. Diversos vuelos de bombarderos estratégicos B-52,
escoltados por cazas F/A-18 Super Hornet de la Marina y acompañados por un
avión de inteligencia RC-135 Rivet Joint, han sido rastreados en las
proximidades de la región, despertando preocupación entre analistas y gobiernos
locales.
A la operación aérea se suma la presencia del MV Ocean
Trader, una embarcación poco vista en misiones públicas y conocida por actuar
como “nave nodriza” de operaciones especiales bajo apariencia de buque civil.
Su incursión en aguas caribeñas coincide con el arribo del grupo de ataque del
portaaviones USS Gerald R. Ford, uno de los más avanzados de la Armada
estadounidense.
Además, instalaciones estratégicas como la base de Roosevelt
Roads, en Puerto Rico, han reanudado operaciones clave, ampliando la capacidad
logística y operativa de las fuerzas estadounidenses en la zona. Funcionarios
han declarado que esta postura responde a objetivos de seguridad regional y
combate al narcotráfico; sin embargo, el nivel de coordinación aérea, naval y
de inteligencia sugiere un despliegue más robusto que los patrullajes
habituales.
La combinación de bombarderos de largo alcance,
plataformas de vigilancia de señales, fuerzas especiales y un portaaviones
nuclear configura un escenario que busca enviar un mensaje claro de disuasión.
Observadores señalan que esta movilización podría servir tanto como
demostración de fuerza como base para operaciones más amplias, dependiendo de
la evolución del clima político y militar en torno a Venezuela y el Caribe.

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