Nueva York, NY.- Un joven de 27 años, identificado como
el autor de un tiroteo mortal en un edificio de oficinas en Midtown Manhattan,
padecía encefalopatía traumática crónica (C.T.E.), según revelaron las
autoridades tras las investigaciones forenses y psicológicas. El ataque,
ocurrido en julio, dejó un saldo de cuatro personas muertas antes de que el
agresor se quitara la vida.
De acuerdo con fuentes cercanas al caso, el tirador dejó
una nota manuscrita en la que explicaba que su principal motivación era un
profundo resentimiento contra la Liga Nacional de Fútbol Americano (N.F.L.). En
el mensaje, detallaba que los daños cerebrales sufridos por su historial deportivo,
específicamente relacionados con lesiones repetitivas en la cabeza, lo habían
llevado a un estado de frustración y desesperación.
El tiroteo ocurrió en plena jornada laboral, sembrando el
pánico en el corazón del distrito financiero y corporativo de Manhattan.
Testigos relataron que el hombre entró al edificio con un arma de fuego y
comenzó a disparar de manera indiscriminada en varias oficinas, causando una
escena de caos y desesperación entre empleados y visitantes.
Equipos de emergencia y la policía de Nueva York
respondieron rápidamente al lugar, evacuando a cientos de personas mientras
trataban de contener la situación. A pesar de los esfuerzos, cuatro personas
murieron en el ataque, todas ellas trabajadores del edificio, mientras que
varias más resultaron heridas y atendidas en hospitales cercanos.
La autopsia del atacante, así como exámenes médicos
posteriores, confirmaron la presencia de C.T.E., una enfermedad
neurodegenerativa asociada con impactos repetitivos en la cabeza y
diagnosticada en numerosos exjugadores de fútbol americano profesional. Este
hallazgo encendió nuevamente el debate sobre la responsabilidad de las ligas
deportivas en la protección de los atletas frente a las consecuencias a largo
plazo de los traumatismos craneales.
La nota dejada por el atacante hacía referencia directa a
la N.F.L., a la que acusaba de "ignorar el sufrimiento" de jugadores
que, como él, terminaron enfrentando problemas de salud mental y neurológicos
graves. Investigadores indicaron que no se trataba de un ataque terrorista ni
de un acto motivado por extremismo político, sino de un episodio vinculado a
problemas personales y médicos.
El edificio de oficinas en Midtown, donde ocurrió la
tragedia, permaneció cerrado durante varios días para facilitar el trabajo de
las autoridades forenses y de seguridad. Posteriormente, las operaciones se
reanudaron bajo estrictas medidas de seguridad, mientras familiares de las
víctimas y colegas realizaron homenajes en memoria de los fallecidos.

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